Hablemos de dolor

En los últimos años he notado que la forma más rápida de superar el dolor y el temor es hablando de ello. Guardarnos todo aquello que nos ha hecho daño solamente hace que la pena crezca, que se vuelva rencor, que nuestra mente y nuestro cuerpo vuelvan a sentir la angustia de ese suceso sin tener una vía de escape; lo que a la larga nos llena de amargura, nos cambia el semblante, nos vuelve neuróticos y nos lleva a un estado de infelicidad agobiante.
A mis pacientes siempre les digo que hablen, que escriban, que griten todo aquello que los atormenta y que tras ello vendrá un estado de calma interior inigualable.
Muchos de ellos me cuentan que lo han hecho, y que sí, han sentido “que les vuelve el alma al cuerpo”.
Lo que también he comprobado es que no es tan fácil como parece. Hablar de lo que nos duele, duele. Es remover toda la mugre que tenemos dentro y que no somos concientes de que está ahí, pero hay que remover para limpiar a fondo.
Desde hace 4 años tengo un deseo tremendo de tener otro hijo, tras intentarlo alrededor de un año por fin la prueba de embarazo dio positivo. Mi esposo, mi hijo y yo estábamos felices; a mi me daba miedo contarlo porque había tenido un aborto antes de tener a mi hijo, pero mi esposo no podía controlar su felicidad, se le desbordaba, se notaba en todo su ser, mientras que en el mío abundaba el temor.
Tras un mes de ilusión, fui a una cita médica donde me dijeron que Paula no iba a nacer, que en ese mismo instante me hospitalizarían para realizarme un legrado. Mi primera reacción fue de incredulidad, llamé a mi esposo para que llegara a recibir mis cosas y a hacer demás trámites y fue cuando lo vi que sentí que el mundo a mi alrededor se desvanecía y yo en él. Fue un dolor tan profundo porque no sólo era mi pena sino la del amor de mi vida. Estaba sola en una habitación llena de mujeres pariendo o a punto de parir, y lo que más me preocupaba era que mi esposo estaba solo en la sala de al lado. Quería abrazarlo y consolarlo, pero estaba a una enorme distancia de mis brazos.
Cuando salí de ahí casi no lloré, pretendía estar muy fuerte, no quería que mi hijo y mi esposo se preocuparan de mi dolor, él ya tenía el suyo lo suficientemente grande.
Mi mamá sufrió mucho pues sabía la ilusión que yo tenía de tener otro hijo, de tener muchos hijos. Pero llegó fuerte a verme, a darme consuelo y entonces hizo lo más grande que pudo haber hecho, llevarse unos días a mi hijo con ella para que yo pudiera entonces llorar sin miedo.
No pude contárselo a casi nadie en ese momento. Creo que de mi boca lo supieron 3 personas, no podía decirlo, me daba pena, sentía vergüenza de mi pérdida. Así pasaron casi tres años. Si lo mencionaba no podía evitar llorar.
La mayoría de las personas a mi alrededor me preguntaban y me siguen preguntando que “¿para cuando el otro?” Siempre respondía que pronto, que no sabía si ya quería otro, cuando Dios quiera, el próximo año y cada vez que me preguntaban sentía como mi estómago se contraía y me daban nauseas y me daba rabia, casi tanta como me daba cuando volvía a menstruar porque no he podido embarazarme de nuevo.
Esa sensación empezó a desaparecer cuando empecé a hablar de mi pérdida, porque cuando empecé a hablar muchas más empezaron a hablar conmigo de ello, noté que no soy la única, vi que puedo superarlo y que cada día duele menos.
Me preguntaron si no me realizaré estudios para ver cual es el problema. Hasta este día he decidido que no. Empecé a dejar la rabia, el dolor y el temor para notar todas las bendiciones que tengo conmigo. Tengo un hijo, el mejor de los hijos, es la bendición más grande en mi vida, así que he vivido plenamente la maternidad. Además tengo un esposo que, sin temor a decirlo, me ama más que a nadie. Tengo una familia que me apoya y me respalda a cada paso, que me sostiene y me acompaña. Ahora celebro el ser mujer, el ser madre, esposa, hija y estar viva.
Para poder notar y valorar todo lo que soy tuve que empezar a hablar, así que instó a todos a hacerlo, exorcicemos nuestros dolores, nuestros temores, nuestra rabia, nuestra desesperanza para poder vivir la vida que debemos vivir.