Nació Adán

Nació Adán, tras 42 semanas de embarazo llegó a mis brazos. Fue un embarazo tranquilo y lleno de mimos y angustias. En cuanto supe que estaba embarazada y talvez aún antes, pensé que quería un parto natural y humanizado.

A mis casi 8 meses de embarazo, y por alguna diosidencia, encontré a la persona que me acompañaría en el proceso de nacimiento de mi hijo, la Dra. Guadalupe Blanco. Para mí conocerla fue un suceso. Ella no sólo fue mi ginecóloga, fue una compañera, una guía en el proceso. Resolvió todas mis dudas y las de Arturo, estuvo muy pendiente de mi evolución y nos ayudó a conocer y enfrentar los miedos que surgían a cada día. Es toda una profesional y un gran ser humano. Me hizo entender de modo sencillo y muy claro todo lo que trae un parto consigo, las etapas, los cambios, los miedos. Me hizo sentir segura y en control de mi cuerpo y mis emociones, decidiendo informada.

El trabajo de parto fue abrumador, fueron casi 24 horas desde que empezaron los dolores. Decidí que quería que mi bebé naciera en casa, así que cuando el momento se acercaba la Doctora llegó y también llegó Michelle Tinkler quien fue mi doula, ambas con toda su sabiduría y amor estuvieron con Arturo, conmigo y mi mami, en el proceso.

Ellos estuvieron apoyándome y conteniéndome. Llegó el momento en que sentí que ya no podía más, que no me daban las fuerzas y mi Doctora como una chamana en un proceso de iniciación me indicó el camino, no me dejó caer. Por su parte Michelle me acunó y confortó, me dio todo el apapacho posible, mi mamá me mantuvo alerta, me dejó ser, y Arturo compartió a mi lado y de mi mano, en silencio y con todo su amor el túnel por el que estaba pasando para dar a luz.

Finalmente el parto me superó y tuvimos que recurrir a la cesárea. Hubo temor de que me entristeciera que esto sucedió, pero no fue así, porque en todo momento mi doctora estuvo conmigo y mi doula también. Michelle estuvo dándome palabras de aliento durante la intervención, me abrió su corazón y fue quien me mostró a mi bebé recién nacido.

Tras el nacimiento estuvieron muy al pendiente de nosotros, tanto de mí, como de Arturo y el bebé. Vigilando una posible depresión, que con todo este apoyo no sucedió. Tuve un cierre del proceso de nacimiento, que se realizó a los 40 días, muy reconfortante.

No me arrepiento de ninguna de mis decisiones, ni del dolor, ni de nada. Todo fue en un proceso muy humanizado y amorizado. Gracias.

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