Algo me sujetaba

Yo me sentía muy libre, no tenía grandes responsabilidades y las que tenía las sorteaba con gran facilidad. Vivía bien. Al menos eso creía. Se me iba la vida entre libros, películas, novio, amante, escuela y el fin de semana con mis papás. Lo más grave que podía pasarme era alguna riña con mi hermana que nunca tardaba más de un día. Pero había algo que me sujetaba.

Y entonces decidí tener una familia propia. Al principio parecía una extensión de mi vida anterior a ese momento, ahora con más ventajas a mi parecer: tenía a mi amante todo el tiempo, dormía mucho, ya no había escuela. Me sentía en control de mis emociones, pero en el fondo había algo que me sujetaba.

Una tarde descubrí que estaba embarazada, fue un momento donde pude sentirme plena. Me sentía en la edad indicada y el momento ideal para que eso pasara. El embarazo fue un momento de mucha tranquilidad y mimos por parte de mi ya esposo. Fue una etapa muy de los dos. La primera patada la sentimos tanto él como yo.  Pero  otra tarde el bebé nació. Ya era mamá y no tenía idea de que hacer. Los días de incapacidad me sentí justo así incapacitada para cuidar un niño. Aunque ese niño era tranquilo y de mirada sabia yo sentía que no podría hacer el trabajo. Me sentía cansada, desesperada, lloraba todos los días, me sentía torpe y sola, irremediablemente sola y lo peor era sentir que ese niño me miraba y veía dentro de mí, él lo sabía todo y yo no sabía nada.  Todos mis miedos se hicieron palpables y agobiantes, todo lo que no me  había gustado en mi vida se vio manifestado y descontrolado.

No sé qué pasó. Hasta este día trato de entender qué me pasó. Como de un día a otro me volví neurótica, controladora, obsesiva. Con una angustia permanente de que podría perder algo.

En el último año se han generado muchos cambios en mi persona, en mi mente y en mis acciones. Descubrí cosas ocultas, cosas olvidadas, historias que me pertenecen.  Encontré una fuerza que no sabía que tenía.

Ahora voy con pasos más seguros. Me doy cuenta de la realidad y hago lo que está en mis manos para hacer de mí y de mi entorno un mejor lugar. Mi hijo me da nueva fuerza. Y aunque cada día me pregunto si estaré haciendo lo correcto con respecto a él. Sé que hago lo mejor que puedo, mejorando cada día.

Aprendí a aprender de todo y de todos. Aprendí que mi hijo es mi maestro, que lleva muchas más vidas vividas que yo y que sólo me queda tomar una bocanada de aire para despejarme y desatarme de esa desesperanza que me tenía sujeta.6494_119712888151_92713198151_2306428_6669963_n0

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